domingo, 26 de febrero de 2017

CARTA DEL GOBERNADOR DE CILICIA MARCO TULIO CICERÓN, A SU AMIGO TITO POMPONIO ÁTICO SOBRE SU GOBIERNO EN LA PROVINCIA



«Gracias a mis esfuerzos muchos estados se han visto libres de deudas y en otros se han reducido considerablemente. Ahora todos tienen sus propias leyes y con la concesión de la autonomía han vuelto a prosperar. Les he dado la oportunidad de librarse de las deudas o de disminuir sus cargas de dos modos: primero, no imponiéndoles nuevas cargas y es increíble lo que esto les ha ayudado a librarse de sus dificultades y segundo, como vi que estos griegos cometían muchísimos desfalcos, les obligué a confesarlo y sin necesidad de tener que castigarles públicamente, ellos mismos se avinieron a reembolsar las cantidades de las que se habían apropiado indebidamente. La consecuencia es que mientras la población no había podido pagar los impuestos correspondientes a este período de cinco años, ahora han podido satisfacerlos, junto con los atrasos del período anterior. En cuanto a mi administración de la justicia, también he sido afortunado.»



DIÓGENES LAERCIO DICE SOBRE VIVIR



Vivir no es un mal, sino mal vivir.



CICERÓN SE PREGUNTA SOBRE EL GÉNERO HUMANO



¿Cómo puede vivir un hombre aceptando divertido el mal innato en sus semejantes, encogiéndose de hombros y no tratando de desarraigarlo?










EL CÓNSUL CAYO FABRICIO LUSCINO

 
Cayo Fabricio Luscino (en latín, Gaius Fabricius Luscinus) fue un político y militar de la República romana, supuestamente el primero de la gens Fabricii en trasladarse a la ciudad de Roma, siendo su familia originaria de Alatri. El cognomen Luscino se traduce por tuerto.
 
Él es mencionado por primera vez en el año 285 a. C. ó 284 a. C., cuando fue enviado como embajador a Tarento, para disuadir a los tarentinos de hacer la guerra contra Roma, pero fue detenido por ellos, mientras enviaban embajadas a los etruscos, umbros, y a los galos, con el propósito de formar una gran coalición contra Roma. Debe, sin embargo, haber sido puesto en libertad poco después, porque fue cónsul en 282 a. C. con Q. Emilio Papo.
 
En su consulado, tenía que hacer la guerra en el sur de Italia contra los samnitas, lucanos y brucios. Marchó primero en alivio de la ciudad de Turios, a la que lucanos y brucios habían sitiado, bajo el mando de Estatilio. Los romanos obtuvieron una gran victoria, la ciudad de Turios fue liberada, y sus habitantes agradecidos erigieron una estatua del cónsul victorioso. Fabricio continuó con su éxito mediante la obtención de diversas otras victorias contra los lucanos, brutios y samnitas, tomando varias de sus ciudades, y obtuvo tan gran botín, que, después de dar una gran parte de éste a sus soldados, y devolver a los ciudadanos el tributo que habían pagado el año anterior, llevó a la tesorería después de su triunfo más de 400 talentos.
 
Tras la derrota de los romanos a manos del rey Pirro de Epiro en la batalla de Heraclea, Fabricio negoció la paz con Pirro, y posiblemente el rescate e intercambio de prisioneros. Plutarco comenta que Pirro quedó impresionado por la imposibilidad de sobornar a Fabricio, y que devolvió a los prisioneros sin necesidad del pago de ningún rescate. La guerra fue renovada en el año siguiente, 279 a. C., cuando Fabricio sirvió de nuevo como legado, y compartió la derrota de la batalla de Asculum, en la cual se dice que recibió una herida.
 
Al año siguiento, 278 a. C., fue elegido cónsul por segunda vez con Quinto Emilio Papo. Pirro, cuyas victorias habían sido adquiridas a gran precio, no estaba dispuesto a arriesgarse a otra batalla contra los romanos, especialmente bajo el mando de Fabricio, y los romanos tampoco, pues estaban ansiosos por recuperar su dominio sobre sus aliados, que se habían rebelado, por lo que se esperaba una conclusión de la guerra. La generosidad con que Fabricio y su colega enviaron al rey al traidor que había ofrecido envenenarlo, se ofrece como justo pretexto para la apertura de una negociación, y tan oportunamente se produce este evento, que Barthold Georg Niebuhr conjetura que era un plan preconcebido. Cineas fue enviado a Roma, llegó a la conclusión de una tregua, y Pirro embarcó hacia Sicilia, dejando a sus aliados italianos expuestos a la venganza de los romanos.
 
Fabricio empleó el resto del año en la reducción del sur de Italia, y en su regreso a Roma celebró un triunfo de sus victorias sobre los lucanos, brutios, tarentinos, y samnitas. Se esforzó para obtener la elección de P. Cornelio Rufino al consulado para el año siguiente, en razón de sus capacidades militares, aunque era un hombre avaro.
 
Se indica en los fastos que Fabricio fue cónsul suffectus en el año 273 a. C., pero esto parece ser un error, derivada de la confusión de su nombre con el de C. Fabio Licinio. Fue censor, en 275 a. C., con Quinto Emilio Papo, su antiguo colega en el consulado, y se distinguió por la severidad con la que trató de reprimir el creciente gusto por el lujo. La censura es particularmente célebre por la expulsión del Senado de Publio Cornelio Rufino, mencionado anteriormente, a causa de su posesión de diez libras de plata.
 
Fabricio murió tan pobre como había vivido; no dejó dote a sus hijas, que el Senado, sin embargo, arregló, y con el fin de honrar su memoria, el estado le enterrado en el Pomaerium, aunque esto estaba prohibido por una ley de las Doce Tablas.

 
Los relatos que hay sobre Fabricio se atienen al estándar de austeridad e incorruptibilidad, similares a los de Curio Dentato, motivo por el que Cicerón a menudo les cita conjuntamente.





EL CÓNSUL PUBLIO CORNELIO DOLABELLA


 
Publio Cornelio Dolabella (en latín, Publius Cornelius Dolabella;70 a. C.-43 a. C.) fue sin duda el miembro más importante de la familia de los Cornelios Dolabellas, una rama plebeya de la gens Cornelia. Estuvo casado con la hija de Marco Tulio Cicerón, Tulia Cicerón.
 
Probablemente era hijo del pretor urbano del año 67 a. C. Publio Cornelio Dolabella. Nació alrededor del año 70 a. C. Fue un hombre considerado el más libertino de su tiempo y en su juventud fue culpable de muchas ofensas, que lo pusieron en peligro y por las que Cicerón tuvo que salir más de una vez en su defensa.
 
En 51 a. C. fue nombrado miembro del colegio de quindecimviri y al año siguiente acusó a Apio Claudio de violar los derechos del pueblo; Apio deseaba ser defendido por Cicerón y para evitarlo Dolabella quiso casarse con Tulia, la hija del orador, a pesar de que aún no había repudiado a su esposa Fabia. La esposa de Cicerón aceptó el matrimonio de su hija con Publio y el casamiento se concertó y se celebró, a pesar de la oposición de Cicerón debida al carácter vicioso de su yerno.
 
Finalmente Apio Claudio fue absuelto. Después de este hecho, Cicerón habla de su yerno en sus cartas con gran admiración y estimación.
 
Cuando estalló la Guerra Civil entre Cayo Julio César y Cneo Pompeyo Magno, tomó primero el bando del líder de los Optimates, Pompeyo, pero pronto se vio obligado, presionado por sus acreedores, a buscar refugio en el lado de César. Este marchó a Hispania para luchar contra los Pompeyanos y le envió con una flota al mar Adriático, donde no hizo ninguna acción de mérito.
 
Dolabella estuvo presente en la batalla de Farsalia en la que resultó derrotado Pompeyo. Después de esta batalla, Dolabella regresó a Roma, pero no obtuvo ninguna recompensa de César para poder hacer frente a sus deudas y las reclamaciones de sus acreedores continuaron. En apenas dos años Tulia, su esposa, quedó embarazada dos veces y tuvo dos hijos, pero abandonó a su marido cuando esperaba el segundo.
 
Para obtener el tribunado de la plebe se hizo adoptar por una familia plebeya, los Léntulo. Gneo Léntulo Vatia lo adoptó y por este motivo algunas veces es llamado Gneo Léntulo Dolabella. Así, en 48 a. C. para escapar de las exigencias de sus acreedores, introdujo (en su condición de tribuno de la plebe) un proyecto de ley que exponía que todas las facturas debían ser canceladas, pero encontró una enconada oposición en sus colegas magistrados encabezados por el cónsul Publio Servilio Vatia Isaúrico, y el pretor urbano Gayo Trebonio causando graves disturbios en Roma. César a su vuelta de Alejandría, viendo lo peligroso de dejar a Dolabella en Roma, se lo llevó en la expedición a África e Hispania, donde combatió en la Batalla de Tapso y en la Batalla de Munda, en las que fueron derrotados por completo los republicanos. En esta última campaña fue herido en acción.
 
César le prometió el consulado para el año 44 a. C., a pesar de que Dolabella tenía tan sólo 25 años de edad, y todavía no había sido pretor, pero después no cumplió lo prometido y se designó a sí mismo como cónsul para ese año. Sin embargo, como ya se había resuelto su campaña contra los partos, César volvió a prometer a Dolabella el consulado en su ausencia, pero Marco Antonio, que era augur, se opuso a este nombramiento y cuando los comicios se llevaron a cabo, llevó su amenaza a la práctica. El Senado tenía que resolver la materia, pero antes de que pudiera tomar una decisión, César fue asesinado en los idus de marzo.
 
A la muerte de César, Dolabella tomó posesión de las fasces consulares. Dolabella intentó establecer buenas relaciones con Marco Junio Bruto y los otros líderes de la facción optimate para ser confirmado en su puesto. Su suegro Cicerón se alegró de estos supuestos sentimientos republicanos de Dolabella, que le hicieron destruir un altar que se había levantado dedicado a César, y ordenó que las personas que fueran allí con la intención de ofrecer sacrificios a César fueran arrojadas desde la roca Tarpeya, o clavadas en la cruz.
 
Pero cuando Marco Antonio, su colega en el consulado, le ofreció el gobierno de Siria y el mando de la expedición contra el Imperio Parto, Dolabella cambió de bando una vez más. Como Casio también reclamaba la provincia de Siria, Dolabella abandonó Roma antes de terminar su año de consulado. Su viaje a la provincia de Siria a través de Grecia, Macedonia, Tracia y Asia Menor, estuvo caracterizado por la extorsión, el saqueo y el asesinato del procónsul de Asia Cayo Trebonio que le negó la entrada a la ciudad de Esmirna.
 
Tras este crimen, Dolabella fue declarado enemigo público y remplazado por Cayo Casio Longino, que le atacó y derrotó en Laodicea en (43 a. C.). Cuando las tropas de Casio entraron en la ciudad, Dolabella pidió a un soldado que le clavara su espada.




PLINIO DICE SOBRE LOS MÉDICOS


Y no cabe duda de que toda  esa gente que se dicen médicos, están al acecho de la fama a costa de cualquier novedad, negocian con nuestra vida sin pensárselo dos veces. De ahí aquellas miserables consultas junto al lecho de los enfermos, en las que ninguno opina lo mismo, para que no parezca una concesión ante el parecer de otro. De ahí también aquella infausta inscripción funeraria: "Murió por exceso de médicos".


( Plinio en "Historia Natural" )




EL INCIDENTE DE UN PERRO CALLEJERO CON EL FUTURO EMPERADOR VESPASIANO CUANDO ERA EDIL


Un perro callejero encontró una vez la mano de un hombre en una encrucijada, la llevó al lugar en el que Vespasiano se hallaba almorzando y la dejó caer sobre la mesa. Habiendo sido responsable de las calles de Roma en su calidad de edil durante el reinado de Calígula, es indudable que debió de ver el incidente con muy malos ojos.


( Suetonio en "El divino Vespasiano" )